Ten cuidado de ti mismo

Jueces 8.1-35

El pueblo pecó cuando quiso forjar su futuro sin tomar en cuenta las lecciones del pasado.

Hablando de pasajes como éste, el apóstol Pablo nos dice que todo es para nuestra instrucción (Ro. 15.4), en este caso, instrucción sobre nuestra falibilidad humana, un aspecto que no siempre queremos aceptar con respecto a nosotros mismos ni a nuestros héroes cristianos. Sin embargo, precisamente para que nosotros aprendamos a ser humildes y vigilantes, el Señor no nos oculta los errores de estos personajes bíblicos.   No somos mejores que ellos.   Sólo Jesucristo fue perfecto y sin pecado.

Una trampa (22-27). Gedeón rechazó la proposición que le hicieron los israelitas, de que él estableciera una dinastía de ahí en adelante para gobernarles. Entendía muy bien que sólo el mismo Señor debía ejercer el gobierno absoluto sobre su pueblo. Sin embargo, parece que Gedeón no confió en que Dios podría gobernar a su pueblo sin que éste tuviera alguna representación visible y material de Él, a la cual acudir. Y así fue que los anillos de oro capturados de los madianitas fueron transformados por Gedeón en un efod, término que en este caso parece referirse a alguna imagen del Dios invisible. Gedeón tuvo la precaución de guardarlo en su propia ciudad (27).  La desconfianza de Gedeón en la buena voluntad de Dios que se expresa en sus sabios mandamientos, resultó en la infidelidad del pueblo, o sea su prostitución espiritual (Éx. 32.1-8), y tendió para sí mismo y su familia una trampa (27).

Una lección no aprendida (28-35). A pesar de todo lo positivo de la vida y obra de Gedeón, y del largo periodo de paz que él logró para el pueblo (28), éste se olvidó del Señor tan pronto como murió Gedeón, añadiendo a este pecado el de la ingratitud (35).

Aplica
¿Cuáles fueron los tres pecados en que cayó el pueblo de Israel después de la muerte de Gedeón (33-35)? ¿Tienes problema con alguno de ellos? ¿Cómo nos enseña el pasaje de hoy que nuestra sujeción a un líder cristiano nunca debe ser absoluta?

Ora
Señor, si creo estar firme, enséñame a tener cuidado de no caer (1 Co. 10.12).