La gloria es solo para Dios

Jueces 7.1-25

“No yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Co. 15.10).

Sin fe en Dios es imposible aceptar sus propósitos. Ahora Gedeón no cuestiona al Señor ni le pone objeción alguna en cuanto al tamaño del ejército con el cual Él quería derrotar al enemigo.

El regreso de los miedosos (2, 3).  El problema no fue simplemente que el Señor no quería hacer uso de personas sin confianza y sin valor.   Hasta no reconocer nuestra impotencia, puede ser que no podamos conocer el triunfo que anhelamos, porque lo tomaríamos como motivo de vanagloria.

El regreso de los incautos (4-8).  Parecería que el Señor vio en los 300 más prudencia y dominio propio que en los demás. La disciplina personal en cosas pequeñas, y aparentemente insignificantes, se vuelve importante y significativa a los ojos de nuestro Señor cuando Él busca siervos fieles.

Una noche de victoria (6.28) y una noche de gloria para Dios. Entre ambas ocasiones, la fe de Gedeón había ido creciendo.

Fortaleza antes del ataque (9-15).  El Señor es muy sensible ante la realidad emocional de sus siervos, y sabe cómo nuestro estado de ánimo influye en nuestra manera de actuar. Dios le proveyó una experiencia inesperada, asombrosamente adecuada a la necesidad que tenía Gedeón de escuchar de labios de otros la misma afirmación que Dios le había hecho.

Valor y sencillez en el ataque (16-23). La operación militar fue llevada a cabo a perfección, y sin embargo, la actuación principal y decisiva no fue la de Gedeón y sus tres escuadrones, quienes ni siquiera llevaban armas. La victoria fue del Señor (22).

Aplica
Reflexiona sobre cómo Dios ha trabajado contigo para debilitar tu confianza en ti mismo, para acrecentar tu dependencia de Él y así hacerte más útil.   Considera Zacarías 4.6 y Juan 15.5. ¿Qué testimonio tienes sobre cómo el Señor ha mostrado su comprensión a tus temores y te ha librado de ellos por medios inesperados?

Ora
Señor, haz crecer en mí y en mi congregación el espíritu de humildad y de dependencia de Ti.