Ofrendas, oraciones y ayunos

Mateo 6.1-4

La fidelidad a Dios implica actos de justicia.

En los tiempos de Jesús, los judíos realizaban actos de piedad para manifestar un real encuentro con Dios. Las manifestaciones clásicas eran la ofrenda, la oración y el ayuno. Pero la insistencia en practicarlas llevó a que todos pensaran que cumpliéndolas evidenciarían fidelidad y serían creíbles a los ojos de los demás. Esto llevó a vaciar los actos de piedad, importaba más la cáscara que el contenido.

La ofrenda era un gesto de solidaridad que mostraba una profunda preocupación por el pobre. La oración era un encuentro sincero con Dios para pedirle, alabarlo o manifestarle el dolor. El ayuno era un signo concreto de fidelidad que buscaba solidarizarse con el prójimo necesitado haciéndolo partícipe de nuestras privaciones. Todas estas prácticas judías tenían un sentido: la justicia, es decir la fidelidad en el encuentro con Dios y con los miembros del pueblo como hermanos. Pero al vaciarlas de contenido ni Dios ni el hermano fueron ya  importantes, sino que el "yo" pasaba a ser el centro.

Los cristianos que venían del mundo judío siguieron con la costumbre de la oración, la ofrenda y el ayuno, pero en este pasaje de Mateo se quiere advertir sobre cualquier hipocresía en la cual los signos de la piedad y la justicia son en realidad injustos e impíos. Para que verdaderamente haya un encuentro con Dios y el hermano, esos signos, o cualquier otro, deben nacer de un encuentro profundo con Dios como Padre y con los otros, como hermanos. De eso se trata el Reino de Dios. Nuestras actitudes, especialmente los signos que como iglesiapretendemos expresar en fidelidad a Dios, serán verdaderos signos de un verdadero encuentro sólo en la medida que vayan acompañados de obras de justicia.

Aplica
¿Cuáles son tus principales expresiones de justicia? ¿Qué debes procurar mejorar como manifestación de tu real encuentro con Dios?

Ora
Señor, necesito encaminar mi vida según los principios de tu Reino.