La sal y la luz

Mateo 5.13-16

Jesús enseña acerca de la responsabilidad de los discípulos frente al mundo

En esta sencilla parábola, el Maestro lleva a los discípulos a considerar que su aporte será clave para que las personas puedan ser beneficiadas.  Pero para ello deberán retener su esencia: la sal sólo sirve si es “salada”, la luz sólo sirve si ilumina.

Detrás de estas palabras está un principio básico: los discípulos están llamados a sentirse responsables del mundo.  Si la sal “se desvanece” y la comida tiene mal sabor no es culpa de los demás alimentos (ni tampoco del cocinero) sino que de la sal que ha perdido sus propiedades.  En tiempos de Jesús la sal también se usaba como preservante, para que los alimentos no se descompusieran.  Y esa figura nos sirve para pensar en la descomposición de la sociedad: ¿a quién responsabilizamos, a la sociedad o a la falta de un testimonio cristiano coherente en medio de ella?

Lo mismo es la figura de una lámpara inútil, escondida o cubierta por un “almud” (cajón dicen las versiones modernas).  ¿De qué sirve?  ¡Debe ser puesta en alto!  Así mismo Dios nos llama a no esconder nuestro testimonio, a ser luz, a iluminar con el Evangelio la oscuridad de este mundo.

Aplica
¿Tengo claro cuál es mi responsabilidad frente a mi entorno más cercano?  ¿Soy una buena influencia?  ¿Pueden otros ver mi vida como una señal positiva, iluminadora, fiel representación del amor de Dios?

Ora
Señor, ayúdame a ser sal y luz entre mis familiares y amigos que te necesitan.