No invaliden mi pacto

Jeremías 33.1-26

Promesas de restauración

Este capítulo parece ser una continuación del anterior, una restauración asombrosa después de una destrucción tan desoladora. Ya han pasado alrededor de 18 años de cautiverio y la voz de Jehová no ha acabado de amonestar, consolar y advertir.

Pero la esperanza se asienta en la veracidad de que Dios ha hecho todas las cosas (2). De ésta manera el profeta recalca que en la veracidad de Dios está la certeza de lo que anuncia. Dios espera que lo busquemos y clamemos (3) porque Él quiere hablar al corazón de los suyos, dice que tiene cosas grandes y ocultas. Las cosas “grandes y ocultas” que Dios enseñó al siervo que clamó; y no son más que el asegurar la posteridad del reino de David y el misterio oculto desde los siglos y las edades: “Cristo en vosotros” (Col. 1:26-28). Quiere que vean anticipadamente la restauración prometida y las grandes bendiciones de Dios que harán que los pueblos que los afligieron y se burlaron de ellos en los tiempos de destrucción, terminen admirándolos.

Es interesante que al observar las promesas del regreso de los desterrados, podemos ver distintivos que son productos de la gran misericordia de Dios (10-11): voces de júbilo, de alegría, cantos de gozo de hombres y mujeres hacia el Dios de los ejércitos, la reanudación del culto y la vuelta a la vida de una sociedad.

Nota cómo Dios asegura la sucesión de sacerdotes (18) y la descendencia de David, los reyes (22). Esto nos debe motivar a gratitud y alabanza de nuestro Dios, pues éramos “ajenos a los pactos de la promesa” (Ef. 2.12), pero ahora, en Cristo, somos “reyes y sacerdotes para Dios” (Ap. 1.6).

Aplica
¿Con qué frecuencia hablas con Dios y lo escuchas atentamente?  ¿Se complace Dios en tus funciones como rey y sacerdote? ¿Por qué tendrían que admirarte las personas que no conocen a Dios?

Ora
Dios, gracias por nuestro Señor, Mesías, Rey y Sacerdote. Ayúdame a estar atento a su voz.