Un Dios de pacto eterno

Jeremías 32.24-44

Las advertencias del profeta.

Dios entrega Jerusalén a la ruina debido a una serie de pecados, especialmente el de idolatría (29). El pueblo adoró otros dioses y cometió todo tipo de abominaciones (33, 34, 35). Con todo, podemos ver la gran misericordia de Dios que en contrapartida con el anuncio de castigo provee la salida. Dios ha tomado a este pueblo para que sea suyo y Él sea su Dios (38).

Dios es justo y en su justicia los dispersa en su furor, pero también es amor y en su misericordia los vuelve a traer. Nada hay imposible para Dios (27).

Dios quiere introducir a su pueblo en los caminos correctos, en los senderos del amor y de  la misericordia pero también en los de la ley divina (39), de modo que vivan en el temor del Dios verdadero. Para que las vidas cambien totalmente y ocurra la transformación del hombre interior es necesario postrar el corazón ante el Dios que nos amó cuando estábamos perdidos.

Dios se propone hacer un pacto eterno con su pueblo (40). Este incluye una promesa que se cumplirá aunque sean llevados al exilio por los caldeos y babilónicos (28): los volverá a traer y los plantará firmemente en la tierra que les dio (41).

A veces no entendemos el propósito de las órdenes de Dios el profeta Jeremías (25): comprar una tierra con sus enemigos a puertas. No entendemos el alcance simbólico del contrato de compra (44) pero con todo surge la esperanza: “haré volver a los desterrados”, dice Jehová.

Aplica
¿Cómo es tu andar diario en un mundo que vive de espaldas y tan alejado de Dios? ¿Qué tipo de compromiso tienes con Dios? ¿Cuál es tu esperanza hoy?

Ora
Señor, ayúdame a andar en tu temor mientas viva.