Los resultados de la soberbia

Jeremías 48.21-47

Cuando la catástrofe es inminente se abre paso la esperanza.

"Amor y justicia brotan de la misma naturaleza de Dios, lo que lo hace tan consecuente como confiable".

Esta profecía la cumplió Nabucodonosor cinco años después de la destrucción de Jerusalén, al atacar igualmente a Egipto (43:8-13) y a Amón (49:1-6). (Josefo, Antigüedades, 10.9, 7). Las ciudades serán dejadas en ruinas, el país, devastado. Habrá gran lamento y gran prisa.

Si alguien pudiera dar alas a los pecadores, ni siquiera podrían huir de la ira divina. Muchos persisten en la iniquidad sin arrepentirse, desean disfrutar prosperidad externa; corrompidos, seguros y confiados en sus riquezas. Esta sociedad amante de sensualidad, superficial, relativista; es incapaz de orientarse en el mundo de la ética y la moral, en la que el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto es una cuestión de mera opción personal.

Al igual que Jeremías debemos volvernos a la seguridad que da la Palabra de Dios, volvernos a ese Dios que habla, que comunica juicio y salvación. Porque el Señor cuida el camino de los justos, mas la senda de los malos lleva a la perdición. Los “ayes” (46) pueden entenderse como lamento compasivo. El acento de este “ay” pronunciado por el Señor es de misericordia por los moabitas desterrados. También habrá perdón para los enemigos de Israel, porque Él quiere que todos sean salvos y conozcan la verdad.

Aplica
¿Percibes en tu propia vida incapacidad para orientarte moral y éticamente? ¿En qué áreas de tu vida encuentras más dificultad? ¿Qué es lo que te representa un reto mayor? ¿Que significaría en la práctica el seguir la dirección indicada por la Palabra de Dios?

Ora
Señor hazme sabio y entendido en tus caminos. Guarda mi vida para obedecer y cumplir tu Palabra cada día. Te alabo por tu bondad, misericordia y compasión que has mostrado en Cristo.