La necesidad de hacer cambios

Jeremías 48.1-20

La retribución de Dios es consecuencia de la infidelidad.

"Los cielos anunciaron su justicia, y todos los pueblos vieron su gloria”.

Moab estaba en Transjordania entre Edom y Amón. El Antiguo Testamento condena a los moabitas por su trato con Israel durante el éxodo (Núm. 22). Sus relaciones con Israel hasta el fin del Reino del Sur, fueron a veces buenas, pero generalmente malas. Moab se había unido con los caldeos contra Judea (2 R. 24.2). Avergonzado está Moab porque ha sido destrozado. Gemid y clamad; anunciad junto al Arnón que Moab ha sido destruido (20).

Ni todas sus ciudades, ni riqueza, ni fortalezas, ni su dios, Quemós era el dios nacional de Moab, podrán salvarle del juicio. Nótese cómo en los conflictos bélicos la victoria o la derrota es siempre de los dioses. Lo primero que hace un pueblo vencido es avergonzarse de su dios (13) y asumir que los dioses también podían ser sometidos y desterrados.

Puede entenderse el impacto político, religioso y moral que produjo en los israelitas la caída de Jerusalén, la destrucción y el saqueo de su templo y la deportación a Babilonia. «Marduk», dios de Babilonia, había resultado más poderoso que el Señor. Ahora podremos entender la difícil misión de los profetas del exilio y del postexilio para reconducir a Israel a la fe en su Dios.  

Aplica
Cuando por el curso de los eventos de la historia creas que Dios no está en control, recuerda. "¿Quién no te temerá, oh Señor? ¿Quién no glorificará tu nombre? Sólo tú eres santo. Todas las naciones vendrán y te adorarán, porque han salido a la luz las obras de tu justicia." (Ap. 15.4).

Ora
Señor enséñame a vivir de tal manera que tú nombre no sea avergonzado, pues "No hay nada escondido que no llegue a descubrirse (Lc. 8.17).  Purifícame cada día de todo lo que contamina para y completa en mí la obra de santificación.