Sin escuchar la voz de Dios

Jeremías 42.1-22

“… y si os quedares quietos en esta tierra, os edificaré…”.

Este pasaje podría intitularse: ¡la gracia en medio de la desgracia! El pueblo cautivo tenía opciones ante la posible furia del rey de Babilonia, su opresor. La idea era huir a Egipto. Hacia un nuevo déspota. Jeremías había sido designado por Dios nos solo para salvar al pueblo, sino también para indicarles qué hacer. La fórmula de la bendición no era a simple vista agradable.

Racionalmente podrían existir otras posibilidades. De hecho existían. Pero no eran las posibilidades de Dios.  Hace unos años atrás necesitaba encontrar la voluntad de Dios frente a un asunto que me preocupaba. Días y días oré y esperé Palabra de Dios. Dejé de hacer la rutina diaria porque esperaba que Dios me diera una respuesta revolucionaria. Un amigo se acerca y me trae la Palabra del Señor: “¡Cuando no tengas que hacer, haz justamente eso nada!  Y sigue viviendo tu vida hasta que el Señor lo indique”. ¡Qué sabio consejo! Jeremías le dice al pueblo que si se quedan quietos donde están en las condiciones de cautiverio que estaban, Dios les iba a prosperar. ¡Prosperidad en cautiverio!

Si siguen leyendo las otras opciones eran la muerte segura. ¡Cuando estés en situaciones apretadas, circunstancias agobiantes, el Señor vendrá y te dirá… si te quedares quieto… te edificaré!

Aplica:
¿Has tenido la experiencia de conocer la voluntad de Dios y aún así desobedecerle? ¿Identificas en la iglesia algunas actitudes similares? ¿Qué desafíos te deja este episodio para la práctica de tu vida cristiana?

Ora
Padre, ayúdame a responder obedientemente a tu voluntad y a comunicarla apropiadamente a otros.