Advertencias y consejos

Jeremías 41.1-18

“... El pueblo vio… se alegró… y se volvió”.

Las grandes injusticias nunca quedan impunes en realidad.  Especialmente cuando el pueblo de Dios es parte de la historia de esa injusticia. Este relato cuenta el asesinato de un hombre que aunque no pertenecía al pueblo hebreo era respetado por el pueblo. Es la historia de Gedalías.

Gedalías era un hombre y líder político bueno, de confianza del rey babilónico. Había sido puesto para velar por los hebreos. Se alza Ismael, un líder asesino que no solo mató a Gedalías sino también a parte de su propio pueblo judío (3).  La Palabra de Dios dada a Jeremías no había sido en vano. Ningún hombre puede violentar la Palabra de Dios. Ningún hombre puede torcer o quebrantar los designios de Dios. Es así que Dios levanta a Johanán. Johanán elimina a Ismael y a su gente.

Lo más importante es que el pueblo ve un nuevo líder que adquiere una nueva visión de protección al pueblo. Él los dirige hacia mejores tierras lejos de la posibilidad de sufrir por lo que había hecho Ismael. En las peores circunstancias Dios nunca nos abandona. Él está. Su voluntad siempre se logra. Esa es la bendita confianza de los hijos del Altísimo. La Palabra enseña que cuando estábamos muertos en nuestros pecados, Dios envió a Jesucristo. Él es enviado cuando todo parecía perdido.

Aplica
¿Qué aprendes de este pasaje? ¿Podrías compararlo con lo que está ocurriendo el día de hoy? ¿Cómo reaccionamos ante las amenazas violentas? ¿Albergas en tu corazón odio, violencia contra alguien?

Ora
Padre, haznos hombres de paz en nuestro mundo tan violento.