Menguando

Juan 3.22-36

Es necesario que Él crezca.

 

El Bautista aparece en escena antes de su encarcelamiento y muerte. Otra vez él dirige la atención hacia la figura de Jesús. Tomando su parte en la obra de Dios, “enviado delante de Él.” El agua en el relato del evangelio es símbolo del Espíritu de Dios quien obra en el hombre purificación y nuevo nacimiento. Es el mismo Espíritu que declara que Jesús vino del Cielo, enviado del Padre. La historia de Cristo mismo está determinada por la llegada, la presencia y la acción del Espíritu en, por y con Jesús como el comienzo de la nueva creación del mundo.


Ahora volviendo nuestra mirada al Bautista aprendemos que suscitada una discusión entre sus discípulos y otros judíos por causa del rito y sobre todo por la popularidad en crecimiento de Jesús el respondió: “A él le toca crecer, y a mí menguar”, declarando que Él está por encima de todos, a Él se le ha dado autoridad y el Espíritu obra en Él sin restricciones, “sin medida”, Él es quien libra de la ira de Dios trayendo salvación eterna a los que creen.


El versículo 30 es el lema de la vida de Juan y habla de su actitud fundamental hacia la vida y hacia el Señor. Ser una simple señal de tránsito que guía hacia Jesús es una hermosa ambición.


Juan aprovechó la oportunidad para desafiar la fe de sus interlocutores presentando a Jesús como el Hijo amado de Dios. Les enseñó que quien cree en Él, tiene vida eterna y el que no cree verá la ira de Dios (35-36).


Aplica
¿Se llena tu corazón de alegría cuando vez la obra de Dios en otras personas o dejas germinar los celos? ¿Sientes gozo de ser partícipe de la obra de Dios? ¿Refleja tú vida la obra del Espíritu de Dios como en Juan el Bautista o Jesús? ¿Certifica tu vida que Dios es veraz?


Ora
Señor que tú Espíritu inunde por completo mi ser; toda mi vida rindo a tus pies, que experimente el gozo de ser parte de tú obra y del avance de tú Reino. Que mengüe yo para que crezcas tú.