La mano en el fuego

Filemón 1.1-14

La cárcel que liberó a Onésimo


En la misma época que Pablo escribía su carta a los Colosenses, ya viejo y en la cárcel, se toma tiempo para escribir esta carta personal. Onésimo era un esclavo en la casa de Filemón. Luego de robarle algunas de sus pertenencias se escapó de su finca. Cayó preso. ¡Justo en la misma cárcel donde estaba Pablo!  Onésimo no pudo resistir ser indiferente ante la presencia e influencia del apóstol, se convirtió a Cristo y en hijo espiritual de Pablo.


Ahora Pablo, ante la inminente libertad de Onésimo, le escribe a Filemón para que lo reciba, no ya como esclavo, sino como ¡hijo!  ¡Eso se llama “poner la mano en el fuego” por alguien! Pablo confiaba absolutamente en el poder transformador de Cristo y por lo tanto podía confiar en Onésimo, a pesar de su pasado de prófugo y ladrón. 

Pablo jugó sus cartas por Onésimo, porque podía confiar en la obra que Dios puede realizar en las personas. Nosotros por desconfiar del “otro” a menudo negamos en la práctica las transformaciones que Dios puede efectuar en nuestro prójimo y así encarcelamos a Jesucristo dentro de nuestros propios prejuicios. 


Aplica
En los días que corren muchas veces nuestros prejuicios ante el diferente, el “desconfiable” habla más fuerte que la obra que Cristo puede realizar en la vida de los seres humanos. Piensa en la semana y en todos los “Onésimos” que han caminado a tu lado.  ¿Qué puedes hacer para confiar en los “Onésimos”?   


Ora
Perdónanos Señor, porque muchas veces miramos a las personas por lo que son y no por lo que pueden llegar a ser.