Los dos tipos de agua

Juan 4.1-26

Jesús conversa con una mujer samaritana.

 

Jesús se encuentra con una mujer que busca agua de un pozo histórico, pues lo había abierto Jacob, padre de todos los israelitas. El encuentro no es común, por la hora, ya que el mediodía indica que la mujer no quería encontrarse con nadie. Ni por las personas, ya que un hombre y una mujer desconocidos entre sí no hablan en público, y menos por su origen, ya que samaritanos y judíos no se tratan entre sí. Por todo eso, este no fue un encuentro casual, fue provocado, Jesús quiso pasar por Samaria.

La conversación ronda alrededor del agua, en sentido físico refresca del calor y calma la sed, pero Jesús usa un sentido figurado, el agua que satisface plenamente al ser y que una vez tomada, no se vuelve a desear otra. ¿En que consiste esta agua?: Primero, solamente Jesús puede darla. Segundo, libera al ser humano de trabas religiosas y lo pone en relación directa y espiritual con Dios. Tercero, la persona que la desea debe reconocer que no puede obtenerla por sus propios medios. Cuarto, el agua es Jesús mismo. Solamente él puede saciar la sed por vivir confiadamente una relación en armonía con Dios, con nosotros mismos y con nuestro prójimo.

Vemos en este pasaje que: a. Jesús toma la iniciativa (6). b. Jesús identifica el problema de la mujer (10, 17-18, 26). c. Jesús ayuda a encontrar la solución. Sigamos el ejemplo de Jesús para encaminar a la gente a un encuentro con el Salvador.


Aplica
¿Conoces a Jesús personalmente? ¿De qué modo estas buscando calmar la sed de tu alma? ¿Has tenido una conversación personal con Jesús? ¿Has aceptado su invitación a adorar a Dios, más allá de los rituales, abriendo tu alma hacia él?


Ora
Señor Jesús, gracias por tu Palabra, ayúdame tener una relación personal contigo.