Testimonio

Hechos 8.4-25

Encuentro con el Espíritu.

Felipe, el predicador (4-8). Como Esteban, este Felipe es uno de los siete “diáconos” del capítulo 6. Les predica a los samaritanos, que eran mitad judíos, mitad gentiles. Aquí está el puente entre dos pueblos que se odiaban a muerte (Juan 4.9). ¡El evangelio estaba derribando prejuicios de siglos! ¡Cristo es para todo el mundo! Observa el contenido del mensaje de Felipe allí. ¿En quién se centra (5-12)? ¿Qué lo acompaña (6)? ¿Cuál es el resultado (8)?

Simón, el encantador (9-13). Simón, ¿fue sincero o charlatán? Su creencia fue quizás sincera, pero “muy superficial e insatisfactoria” (F. F. Bruce). ¿Simón es un vertido dudoso? ¿Un cristiano “subdesarrollado”? En positivo, ¿hasta dónde representa a muchos “cristianos de hoy?

El evangelio avanza. La predicación en Samaria representa un momento cumbre en la historia del cristianismo. Es el Espíritu Santo quien domina estos relatos. Y es la posesión del Espíritu la prueba más concluyente que una persona es realmente creyente. Porque quien no tiene el Espíritu no es de Cristo y quien no es de Cristo no tiene el Espíritu.

El Espíritu irrumpe en Samaria (14-17). El hecho de que el Espíritu visitara Samaria era ya algo sorprendente. Desde hacía cinco siglos judíos y samaritanos permanecían irreconciliables. ¡Estas barreras fueron derribadas por el evangelio de Cristo!

El Espíritu Santo ni se compra ni se vende (18-24). Aquí se enfrentan los dos Simones. La actitud de Simón, el comerciar con las cosas sagradas, se ve hoy también. Está representada por adivinos, astrólogos y presdigitadores, embaucadores e impostores conscientes.

 

Reflexión Personal

¿Qué le impresionó tanto a Simón, y en qué se equivocó (18, 19)? Esta actitud ha dado origen a la palabra simonía, es decir, En el fondo, a Simón le interesan el poder y el prestigio. ¿En qué medida esto nos toca a nosotros hoy? ¿Para qué queremos el poder del Espíritu Santo?

 

Oración

Yo te busqué, Señor, mas descubrí que tú impulsabas mi alma en ese afán que no era yo quien te encontraba a ti; tú me encontraste a mí” (del himno “Yo te busqué, Señor”).

 
Autor: Unión Bíblica del Perú