Testigo con su vida y su muerte

Hechos 7.54-8.3

Hoy veremos el cielo abierto.

Hemos llegado al punto más álgido de este mensaje. Esteban ha trazado ya tres grandes épocas: la era de los Patriarcas, o de la Promesa (12-16); la de Moisés o de la Ley (17-45), y la era de los Profetas, o del Templo (46-53). Ahora nos enfrentamos con un final inevitable.

El final de una vida (54-60). Los líderes judíos contrastan notablemente con Esteban. Aquellos resisten al Espíritu (51); éste está lleno de él (55). Aquellos ejercen la violencia al punto de asesinar a Esteban— y éste se derrama en amor —al punto de perdonar a sus asesinos—. El pueblo hebreo tenía una larga historia de rebeldía; Esteban se ajustaba con placer a la voluntad de Dios.

Luego de la ejecución de Esteban, se produce una campaña de represión contra la iglesia, de Jerusalén. ¡Pero ésta fue para bien (4)!

Saulo, el perseguidor (1-3). El mismo que llegaría a ser el más grande apóstol del evangelio, inicia su carrera ejerciendo una “crueldad brutal” contra la iglesia de Cristo. Saulo, un joven cómplice del asesinato de Esteban (7. 58), fue sistemático en su método persecutorio (“casa por casa”) (3) y no hizo distinción de sexos para meterlos en prisión (4). Aquí vemos a un Saulo con un carácter enérgico. Ahora, Dios no era ajeno a todo esto: Saulo sabrá más tarde lo que significa sufrir por Jesucristo. Por otra parte, la sangre de estos mártires prendía fuego evangélico al vasto Imperio de Roma.

 

Reflexión Personal

¿En qué se parecen Esteban y Cristo? ¿Por qué el cristiano no debe temer a la muerte? La iglesia primitiva fue sacudida por una ración. ¿En qué sentido hace falta algo similar en las iglesias de hoy?

 

Oración

Oh, Señor, sabemos que hasta la muerte es tan sólo el preludio para una música más bella aún en preparación. Ayúdanos a darle la bienvenida con gozo.

 
Autor: Unión Bíblica del Perú