Oír para obedecer

Jeremías 13.1-14

Dios espera que su pueblo lo reconozca como su único Señor. Él es fiel y reclama fidelidad.

Dios es celoso de su pueblo porque lo ama. Lo cela para protegerlo, cuidarlo, guiarlo, advertirle sobre los peligros. En respuesta a esta actitud, quiere contar con la fidelidad de los suyos, con nuestra fidelidad. A través de su profeta, el Señor se dirige al pueblo de Israel y declara que el lo mantuvo unido como si hubiera agrupado a todos reteniéndolos con un cinturón. Su propósito era que su pueblo le diera honra y alabanza. Pero el pueblo no lo escuchó.

“No quieren oír mi palabra” advierte el Señor. Las palabras “oír” y “escuchar,” en la Biblia, no se limitan al sentido de la percepción auditiva. Siempre implican una actitud de obediencia. “Oír la voz de Dios” es cumplir su voluntad, obedecerle. Su pueblo le ha desobedecido, se apartó de su voluntad, atendió a dioses ajenos, ejercitó la soberbia y la maldad. Un pueblo así no puede dedicarse a nada bueno. No merece piedad ni misericordia. Pero el Señor no abandonará a su pueblo ni dejará que se aparte de su camino. Aún con amenazas de duros castigos procurará que reaccione y vuelva al redil.

 

Reflexión Personal

Cuando oyes su palabra, ¿estás dispuesto a cumplir su voluntad? ¿Cómo manifiestas tu obediencia a Él? Dios quiere que estés reunido por su generoso “cinturón,” para que lo honres y alabes. ¿Puedes lograrlo? ¿Puedes derrotar la soberbia y la maldad?

 

Oración

Señor, mi voluntad es flaca, pero tu voluntad es poderosa. Ayúdame a obedecerte y sostenme en mi debilidad.

 
Autor: Unión Bíblica del Perú