“No ores por este pueblo…”

Jeremías 7.16-28

Dios explica sus razones al ordenarle al profeta que no ore por el pueblo.

Nuestro Dios de amor, misericordia y perdón es también el Dios santo y perfecto, el Dios que fija las normas y juzga el pecado de su pueblo. Al instruir a Jeremías a no orar más por el pueblo, Dios muestra que su paciencia ha llegado al fin, que ya no hay esperanza de escapar del castigo y que la gracia también se muestra en y después del castigo.

En este abominable pecado, denunciado por Dios, estaban involucradas las familias: los hijos, los padres, las madres; cada uno tenía parte en esta rebeldía contra Dios. ¡Qué terrible es cuando no hay alguien que entre en razón para detener la locura de los demás!

No es que el pueblo no haya sido religioso; había mantenido sus ofrendas y sacrificios. Pero el juicio de Dios se basa en algo fundamental: su pueblo ha rechazado la relación especial con Dios que se expresa en la obediencia. Dios recuerda al pueblo que la esencia de la Ley, resumida en lo que llamamos los Diez Mandamientos, tiene que ver con esta relación con É1 y que se confirma por medio de la obediencia (Ex. 19, 20).

¡Pobre Jeremías! Que difícil su tarea de proclamar el mensaje de castigo y juicio, sabiendo que el pueblo no le va a escuchar y que el castigo viene. Para él1, la fidelidad y la obediencia no resultan fáciles.

 

Reflexión Personal

¿Disfrutas una relación personal con Dios, o intentas quedar bien con Él por medio de ritos religiosos, cultos que apelan solamente a las emociones, activismo en la iglesia, etc.? Piensa en maneras de expresar tu gratitud a Dios; probablemente serán formas concretas de obediencia activa.

 

Oración

Gracias, Señor, por la relación contigo que disfruto por medio de Jesucristo, mi Señor.

 Autor: Unión Bíblica del Perú