El dolor de Dios

Jeremías 8.18-9.11

La cautividad en Babilonia conmueve el corazón de Dios.

Jeremías anuncia el castigo divino sobre su pueblo pero revela también el profundo sentir de Dios al verse obligado a hacerlo: “A causa de mi intenso dolor, mi corazón desfallece…” (8.18). “Ay, si mi cabeza se hiciera agua y mis ojos fuentes de lágrimas.” (9.1).

El Señor oye el clamor de sus hijos (8.19). ¿Por qué no los libra ya? El tiempo aún no ha llegado. No quiere darles un alivio momentáneo, sin enseñarles antes cómo impedir una nueva y más dolorosa caída. Sus lecciones serian mejor entendidas en las “aulas” de aquella Babilonia. Y el tiempo requerido habría de ser los setenta años profetizados (25.11). En sus calles, sus templos y palacios lujuriosos verían con sus ojos el resultado espantoso de la idolatría, la corrupción y la vida sin Dios. Solo así aprenderían.

El capítulo 12 de Hebreos dice que “el Señor al que ama disciplina”, y no lo hace en forma vana, sino “para lo que nos es provechoso.” Pero aun así, el corazón sufriente del. Altísimo exclama anhelante “¿Qué más he de hacer por la hija de mi pueblo?” (9.7) ¿Estás sufriendo algún dolor similar? El amor de tu Dios y la sabiduría de su vara buscan una mayor bendición para tu vida.

 

Reflexión Personal

Dios te acompaña y te ayuda en tu aflicción. Y Él te consolará para que puedas consolar a otros (2 Cor. 1.4). ¿Cuáles son las aflicciones que debes traer al trono de Dios? Ora específicamente por cada una de ellas.

 

Oración

Señor, consuélame y fortaléceme. Que pueda guiar a los pies de Cristo a otros que desconocen tu amor y tu dolor por ellos.

 
Autor: Unión Bíblica del Perú