El Dios verdadero

Jeremías 2.1-18

Dios le reclama a Israel su pecado: traición y rebeldía.

Israel ha traicionado el apasionado amor de Dios. El los había conducido hacia una tierra fructífera y hospitalaria. En la travesía en el desierto y en la guerra, los había cuidado y preservado del mal. Sin embargo el pueblo eligió “la vanidad”, las cosas que no son de Dios y que pretenden ocupar su lugar. Ellos eligieron servir a ídolos, a falsos dioses. La consecuencia fue la debilidad, la derrota y el tormento. De nada había servido que Dios les cuidara, les hablara y enseñara. La fidelidad de Dios había recibido como respuesta la infidelidad.

En nuestra época moderna hay equivalentes de los ídolos paganos. En la actualidad la idolatría puede presentarse como una tentación sutil, cuando quitamos a Dios de su lugar y lo sustituimos por otras lealtades y cambiamos sus valores por otros.

Las cosas o personas que ponemos en lugar de Dios pueden ser buenas o malas, pueden ser escandalosas o socialmente aprobadas; pero si están para suplantar a Dios serán ídolos vanos. Serán como “cisternas rotas” en las que no se halla agua sino barro.

 

Reflexión Personal

¿Qué cosas en tu vida ocupan el lugar de la persona viva de Dios? ¿Qué o quién es tu referencia para tomar decisiones y elegir tus valores? ¿Qué prioridad tiene en tu vida cristiana tu comunión con Dios?

 

Oración

Señor, que nunca falte en mi vida el agua viva de la comunión personal contigo.

 
Autor: Unión Bíblica del Perú