Profeta del Altísimo

 

Lucas 1.67-80

 

Aún no ha llegado el tiempo para la celebración de Pentecostés, pero ya hemos sido testigos de dos llenuras del Espíritu Santo que resultaron en expresiones de júbilo y adoración.  Ahora es el turno de Zacarías.  ¡Que tremenda compensación por haberse perdido el honor de ministrar en el templo con el incienso!  El hijo tan anhelado, y ahora una visitación especial del mismísimo Espíritu Santo.  Durante los meses de gestación de su esposa, el anciano siervo de Dios tuvo mucho tiempo para reflexionar y comprender que sus dos oraciones fueron contestadas de una sola vez: por el hijo deseado y por la redención de Israel.  En ambos, él había sido escogido por Dios para cumpliruna misión que afectaría y cambiaría la vida de millones de personas.

¿Tendría motivos para explotar en alabanza como lo hizo?  Por supuesto, porque recientemente también se enteró que de María nacería el Mesías. De eso tratan los primeros tres versos de su himno, en donde exalta a Dios porque nuevamente visitó a su pueblo (68), para traer al Mesías prometido (69) que también cumpliría la promesa divina con respecto a la libertad el yugo del pecado (75) juntamente con la libertad política de Israel (71-74).  Luego, mirando a su propio hijo, anuncia el ministerio especial que este realizaría (76-79).

Juan creció y se fortaleció en Espíritu (80), pero su preparación ministerial (probablemente desde los 12 años hasta los 30) fue en lugares desiertos cerca del Mar Muerto.  Pero nada más sabemos.  Todos los grandes siervos de Dios pasan por “lugares y tiempos desérticos” preparándose para servir.  Algo grandioso está por suceder, y pronto.


Aplica
¿Qué motivos tienes para alabar al Señor? ¿Estás atravesando un desierto en donde, al parecer, Dios no tiene parte? ¿Qué te hace pensar eso? ¿Estará el Señor preparándote para su servicio? ¿Qué indicios tienes de esto? Entonces es tiempo de desarrollar el carácter que necesitas para cumplir la misión.  Eres bendito por eso.  Alaba al Señor porque ha puesto sus ojos en ti.


Ora
Señor, gracias por poner tu mirada en mí.  Haz lo que quieras de mí, Jesús, tú el alfarero, yo el barro soy.