El pueblo pide un rey

1 Samuel 8.1-22

Llegamos a un cambio drástico en la historia de Israel, quien había sido gobernado por Samuel (en representación de Dios), como sacerdote y juez (7.15, 17). Samuel, para asegurar la sucesión después de su muerte, designó a sus hijos como sucesores, pero estos no estuvieron a la altura del privilegio (3).

Desear un rey no era necesariamente malo (Dt. 17.14, 15) a la luz de lo que se describe en 8.1-3. Pero, ¿por qué Dios, al mismo tiempo que accede al pedido del pueblo, también lo reprocha? ¿Qué hay detrás del deseo de tener un rey "como tienen todas las naciones"? (5).

Samuel les anticipó de las consecuencias de su pedido, pero no hicieron caso (8.11-18; 1 Cr. 10.1-7). Parece que en ciertos momentos y circunstancias "nuestros deseos personales son tan intensos," que nos ciegan a las obvias consecuencias del paso a tomar.

El versículo 20 muestra que aunque los ancianos querían que Israel tuviera la capacidad de derrotar a otras naciones, también querían adoptar las modalidades establecidas por otras naciones. Consciente o inconscientemente, el pueblo de Dios está siempre bajo presiones sociales de adoptar las costumbres del mundo. Pablo advirtió contra este peligro (Ro. 12.2).

 

Aplica
Contrasta la actitud de Samuel con la del pueblo. ¿Qué observas? ¿Están sujetos a Dios tus deseos y sentimientos? ¿Cómo? ¿Puedes identificar las maneras en que la sociedad de hoy rechaza a Dios? ¿Cómo? ¿En qué formas abiertas o calladas se puede rechazar a Dios?


Ora
Señor, sin ti estoy perdido. Contigo estoy más que seguro.