Reconoció su pecado, pero ya era tarde

Josué 7.1-26

No hay nada oculto que no sea sacado a la luz.


Jericó fue la primera conquista de Israel al entrar en la Tierra Prometida. Jericó era una poderosa ciudad muy bien amurallada, pero muy maldita; infestada de demonios, de brujería, de satanismo, de baales, de maldad, pero Dios la entregó en las manos de su pueblo Israel. La condición era que no debían de quedarse con nada, ni siquiera tocar nada de aquella ciudad, ya que estaba minado de demonios y de maleficio. Solamente el oro y la plata y otros utensilios de metal, una vez consagrados a Dios, deberían entrar en el tesoro de Dios, pero jamás a particulares. Esa era la condición

Es evidente, que Dios quería probar a su pueblo en materia de obediencia. La tentación de quedarse con cualquier cosa valiosa era grande. La excusa de algunos para proceder así podría ser la de haber conquistado la ciudad, y considerarlo como un botín de guerra. No obstante, fue el mismo Dios quien les entregó la ciudad y el corazón de sus habitantes.

No obstante, un miembro de ese cuerpo que era Israel no pasó la prueba, fue descubierto, y sólo entonces, reconoció su pecado, pero ya era tarde, porque no fue por arrepentimiento que lo confesó, sino por miedo a las represalias.

Acán cometió un pecado oculto. Ese pecado es doble. Por una parte es por lo que es en sí, y segundo, porque se intenta ocultar de la vista de Dios, y de los demás. Cuando hay pecado oculto en el seno del cuerpo de Cristo, eso tiene sus consecuencias para todos. El enemigo toma mucha ventaja, ya que Dios aparta su mano.

 

Aplica
¿Cuál es la causa de la derrota frente al enemigo?  ¿Qué debes cuidar en ti, para no caer en tentación?


Ora
Señor, ayúdame a honrarte con todo mi ser.