Verdadera justicia

Salmos 9.1-20

Acciones poderosas con resultados gloriosos.

Vivimos en un mundo donde la injusticia campea impune. Estar del lado de la justicia cuesta muy caro y resulta quijotesco. Aun los más celosos y fuertes administradores de la justicia resultan al final impotentes, porque a espaldas suyas sus colegas han pactado con la delincuencia y la protegen. ¿A quién acudir? Hay un juez supremo (7, 8) en quien confiar a pesar de todo. Precisamente por la victoria de la justicia de Dios en su favor cuando, sin los recursos y oportunidades de sus enemigos, los venció (3, 4).

La victoria de Dios deja asombrados a los hombres (15, 16). No hay punto de comparación. Amán fue ajusticiado en la horca que el mismo preparó para Mardoqueo (Est. 7. 9-10). Pablo, el perseguidor de la iglesia primitiva, fue luego su más eminente líder (Hch. 9. 1-20). Voltaire, el fi1ósofo francés, presumió que 100 años después de la Revoluci6n Francesa no habría rastros de la Biblia. Pero mucho antes, sin embargo, su casa se constituyó en una de las principales imprentas de las Sociedades Bíblicas.

Sin embargo, la victoria de Dios no tiene por objeto colocarnos a nosotros como centro de atención. Somos solo objetos de la acción de Dios y en nada podemos jactarnos. Nuestra actitud debería ser la del niño que ve en su padre al mejor héroe del mundo. Alabemos a Dios por vindicarse y hacer notoria su soberanía y justicia (19, 20).

 

Aplica
¿Cómo se ve la verdad del verso 8 en todo el salmo? ¿Cuál deberá ser tu actitud como hijo de un Dios justo? (8, 9)


Ora
Señor, te alabo porque eres soberano y porque manifiestas tu justicia no por medio de los fuertes sino de los débiles.