Perfeccionado por el sufrimiento

Hebreos 2.10-18

 

Este es uno de los temas centrales de la epístola: por qué Jesús pudo ser nuestro Salvador. Aparece aquí el título honorífico de “autor de la salvación” como en Hebreos 12.2 y Marcos 3.15. En su uso más sencillo significa que es el que abre el camino para que otros sigan atrás, o el que comienza algo nuevo.

Perfeccionado por aflicciones (10): el sentido neotestamentario de perfecto es que cumple acabadamente con los propósitos y misión para el cual existe. Esto es muy distinto que el concepto de perfección que buscamos en una joya o un animal para el sacrificio, que son aspectos estéticos o exteriores. Tiene que ver con lo intrínseco, con la naturaleza, con la capacidad de cumplir con la tarea asignada.

Sin embargo no son las aflicciones que soportó las que lo hicieron apto, sino su capacidad de identificarse con el objeto de la salvación: el hombre. Por eso cita tres pasajes de las Escrituras para afirmar esa identificación con nosotros (12-13). Si Jesús no sufría como hombre no podría hacer sido el Salvador.

Semejante en todo a sus hermanos (17): eso incluye las tentaciones (18) que nosotros soportamos a diario. Por eso al identificarse como nosotros puede ser nuestro misericordioso y fiel sumo sacerdote y ayudarnos.

 

Aplica
Considera y enumera tus aflicciones y tentaciones, esas que te cuesta tanto resistir. Ahora lee nuevamente los versículos 17 y 18. Si Jesús las soportó perfectamente, es porque Él tiene lo que a ti te falta. Ya sabes dónde encontrar tus soluciones. ¡Pídele y sé un vencedor!


Ora
Señor, te ruego que me ayudes a vencer las tentaciones que me vencen.