Ministros de Dios

Números 3.1-10

Dios establece requisitos para ejercer el sacerdocio; estos se aplican a nuestra vida también. 

El sacerdocio ya no estará solo en manos de Aarón; habrá otras personas que compartirán ese llamado (7a). Este cambio (6, 9), se amplia aún mas en el Nuevo Testamento cuando se enseña que todos somos sacerdotes para Dios Padre (1 P. 2.9; Ap. 1.6; 5.10). En este contexto, Dios mantiene los mismos requisitos para ministrar delante de Él:

Ser ungido por Dios para el ministerio (3). La consagración y la ordenación divinas son cruciales antes de abocarse al ministerio.

Hacer el ministerio según las ordenanzas de Dios (4). Dios no permite que hagamos el ministerio violando sus mandamientos. Nadab y Abiú pagaron las consecuencias.

Estar dispuesto a servir (7). Ser sacerdote de Dios es tomar el ejemplo de Cristo sirviendo a otros.

Consagrarse al ministerio y a todo lo que el requiere (8). En el servicio a Dios importa que estemos consagrados a servirle, sea que nos llame a “guardar los utensilios” o “ministrar en el culto.”

Ser hijo de Dios (10). Para ser ministro de Dios, primero es necesario ser hijo de Dios. Un extraño a la familia no puede servirle.

Aplica
Analiza tu vida a la luz de estos requisitos para poder ministrar delante de Dios. ¿Cuál de ellos ya forma parte de tu vida? ¿Cuál de ellos debes desarrollar? ¿Quién podría ayudarte en este proceso?

Oración
Quiero ser un siervo tuyo, Señor. Dame el poder y la unión que necesito para hacerlo coma tú lo quieres.